Queridos amig@s,
Seguro que todos habéis leído en los últimos tiempos algo, aunque sea breve, sobre la hambruna en África. Seguro que todos también estáis sufriendo los efectos de la subida de precios sobre todo en el sector alimentario, y si en España está siendo difícil para muchos… quizás podéis haceros una idea de lo que está ocurriendo en este lado del mundo, específicamente en Sudan del Sur.
Hace un año comenzaba mi relación directa con este; «el país más joven de la tierra» y desde su nacimiento uno de los más castigados. Una guerra civil que aún no ha alcanzado una paz verdadera por lo que mantiene dos tercios de su población refugiados en países vecinos. Aquí en Sudan del Sur quedan los pobres de los pobres, los que ni tan siquiera han podido huir.
Podría contaros miles de historias tan trágicas que hasta cuesta repetirlas. Creo que no hay ni una sola persona en esta tierra, que no haya vivido su propia innombrable tragedia. Pero la guerra es solo el comienzo de un periplo de hambruna imparable: el covid-19 que cerró las escuelas y con ello las ayudas alimentarias que algunas tenían. Y después la guerra de Ucrania. Entre medias el cambio climático que ha generado lluvias que han anegado la mitad del país llevando a sus habitantes a otras zonas donde la comunidad acogedora denuncia que los nuevos habitantes tienen ganado que se come sus cosechas…
Yo me encuentro en Yei, varias fueron las llamadas, pero uno el botón que me hizo reaccionar: » nuestros niños se suicida, necesitamos ayuda». Me costaba creer que el «commissioner» de otro país pudiera saber de mí, de nosotros.

De esta llamada hace un año, y hace un año por primera vez puede ser testigo directo de esa realidad narrada que desde entonces no ha parado de crecer.

Y si en ese momento el pico más alto de suicidios infantiles había sido de 10 en un mes solo en Yei y aun no había comenzado la guerra de Ucrania y aún no estaba el saco de 25 kg de harina a un precio de casi 36 €… Podéis imaginar ahora la cuota de suicidio…

De aquel primer viaje regresé a España con el corazón roto y una idea que al fin se está haciendo real: una red internacional de escuelas que apoye a las escuelas Sudán del Sur. Actualmente Sudán del Sur paga a sus profesores un sueldo tan anecdótico que la mayoría son profesores voluntarios: estudiantes recién graduados de secundaria. Los niños tienen que pagar una «fee»que no pueden asumir y que se dedica a intentar mejorar esos salarios, y nuestro planteamiento fue: Si creamos un convenio que comprometa al gobierno aumentar progresivamente su inversión en educación, sería posible y realista que pagando incentivos para salarios dignos desde España, las escuelas de Yei tuvieran educación gratuita y profesores motivados? Sería posible también que estando esto cubierto las «fees» que aporten los niños cubran el gasto de una comida escolar?.
La respuesta es sí, SÍ, con mayúsculas. Las familias harían todos los esfuerzos para portar lo posible sabiendo que es para que sus hijos puedan comer, lo hacen ahora los que pueden para que reciban educación, así que sería un júbilo que su esfuerzo fuera para su alimentación.
Los cálculos oficiales hablaban hace un año de que se necesitaban 2,5 dólares por niño para comer en la escuela.

He escuchado que ahora se habla en Yuba de 25 $ por niño. Y es cierto que todo ha subido, es cierto que la inseguridad por los rebeldes, no les permite cultivar. Es cierto que el ideal con salarios ideales en un país ideal quizá sería el primero de los presupuestos. Pero la realidad, la realidad es que en África, donde en los colegios comer masa de harina con agua y alubias, hace un año con 2,5 dólares comían 7 o más y ahora quizás solo cinco, pero cinco.
Bajar los presupuestos de una comida escolar a la realidad ajustada nos permitiría más ayudas, animaría más a los donantes. Necesitamos ser sinceros, necesitamos mirarnos los unos a los otros, vigilar los bolsillos donde seis séptimos de presupuesto desaparecían estos años. Y necesitamos hacer preguntas, replantearnos cosas contar con la comunidad y ser comunidad.
El Gobierno ha firmado el acuerdo de compromiso. Ahora nos toca hacer nuestra parte también, nos toca encontrar esas escuelas valientes que no pongan excusas que simplemente lo decidan y afirmen, me sumo.
El cálculo necesario es de unos 7.500 € al año para pagar a los profesores unos 65 € al mes a cada uno para empezar, en forma de incentivos que se sumarán al salario del gobierno. Hacen falta escuelas dispuestas a creer en el ser humano, a saltar barreras, a tendernos la mano.
Quién sabe si un día no tendrá que ser al revés. Canta Jorge Drexler: «hijo nieto de inmigrante…» «cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da». La vida da muchas vueltas.
Lo que sobre todo no podemos consentir es que nuestros niños se suiciden y digo NUESTROS porque lo son, de esta gran familia humana. No podemos hacernos los sordos, no podemos mirar a otro lado.
Cuando abrazas a un niño que has descolgado de la cuerda atada a un árbol de mangos no puedes volver a ver en la vida igual. Cuando tras un accidente de moto una mujer al azar está ahí para ayudar a curarte las heridas y descubres que se ha intentado suicidar varias veces intentando matar a sus hijos para no dejarlos solos, no puede seguir siendo el mism@. Cuando una niña de 13 años a la que ves devorar el pan con agua que le das cada día te cuenta que intentó colgarse hace un mes por no soportar ver pasar hambre a sus hermanos pequeños, y la que está al lado al oírlo te cuenta que su madre intentó colgarse la semana pasada, y vas a las escuelas y más del 80% piensan en quitarse la vida como solución al hambre, y el 100% te dice que muchos días se acuestan llorando con el estómago vacío que les duele de no comer. No puedes, no puedes ver la vida de la misma forma. No puedes contener las lágrimas, no puedes quedarte callado y no puedo, no puedo aceptarlo y mirar a otro lado pensando que seguramente en muchos otros sitios están igual o peor.

Yo puedo poner nombres y apellidos a MILES de terribles historias, puedo recordar cada mirada y cada anhelo.

Yo no puedo no hacer nada.

Así que como mínimo lo diré, lo gritaré si es necesario hasta quedar afónica. Qué mal lo estamos haciendo, qué mal lo estamos haciendo como seres humanos. Somos idénticos, somos una gran familia habitando esta tierra, ¿cuando dejaremos de tenernos miedo? Ubuntu decían Nelson Mandela y el obispo Tutú. Ubuntu; «yo soy porque nosotros somos»
Un comandante se quitaba la vida de un disparo hace dos días, uno de sus hijos murió de hambre, los salarios de los militares en Sudán del Sur son de 3 o 4 € al mes y casi nunca llega, siempre con meses y meses de retraso y nunca todo. Sus últimas palabras fueron: «qué sentido tiene la vida si no puedo mandar a mis hijos al colegio y no puedo darles de comer».
En esta última semana cada día un muerto, habla ahora de suicidios y asesinatos, en todos los casos el motor el mismo: la desesperación del hambre. ¿Has probado alguna vez a ayunar tan solo un día?                 Muchas veces es fácil buscar esas excusas de «el dinero no llega» y «¿qué cambia lo poco que haga yo?»      No puedo hablar por otros, pero si por mí en primera persona, y en mi compromiso porque toda la ayuda llegue a destino. Que la sinceridad sea el valor inequanum para darles el impulso hasta que caminen solos, y que incluso ahora ellos sean los co-protagonistas del cambio.
Tengo muchas ideas, la cabeza no me para y estoy segura de que pueden funcionar. Y tengo otras propuestas para que Sudán del Sur se habrá camino para reescribir su historia, para que como Ruanda, se alce sobre sus cenizas y se convierta en un ejemplo para el mundo.
Hace semanas que escribo a trozos parte de toda esa lluvia que me ahoga por dentro, también de los Milagros, los arcoiris, los rayos de esperanza y las transformaciones asombrosas con tan poco aportado. Si quieres otro día te las cuento, te hago hueco en está familia y te empiezo a mostrar todas esas personas que son milagros y que demuestran que el amor es lo más necesario.
Hoy contigo, desde lo más sincero del ser que soy, también a ti te lo ofrezco todo: todo mi amor.

Almudena

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